Esta mañana está haciendo un calor típico de agosto peninsulero. Ya es raro, porque llevamos una temporada en la que parece que el clima se ha saltado la estación estival para ir directamente al otoño.

En Zaragoza (y en todo el Valle del Ebro), para quien no lo sepa, sopla un viento fuerte y seco durante todo el año (especialmente en invierno) que se llama cierzo. Es un viento de dirección noroeste-sureste, muy cojonero él, llegando a alcanzar, con relativa frecuencia, más de 100 km/h.

En agosto es habitual que no sople ni el pedo de una rata, pero este año la cosa ha cambiado y por las noches el cierzo cabrón hace de las suyas, aunque no como en cualquier otro verano -soplando a bocanadas calientes que te funden los huesos-, sino soplando frío, el muy hijo de puta. Yo me llevo fatal con él, es un incordio en pleno diciembre si te va de cara cuando sopla en condiciones, porque te corta la respiración y si no llevas contrapeso (una mochila, la bolsa de la compra, los apuntes de Geoquímica, 15 kg de garbanzos leoneses, etc.) es fácil que hasta te impida el avance (en mi caso, como soy pequeña y peso poco, lo tengo peor: alguna vez ha estado a punto de tumbarme, mientras yo me descojono viéndome luchar ridículamente contra los elementos).

He leído del cierzo que Catón el Censor (s. II a. C.) se refería a él como el viento cercio de la Hispania Citerior, capaz de derribar a un hombre armado o cargado con peso.

Tal es el condicionamiento de nuestras vidas por este viento, que nuestros paisanos de Huesca (la provincia aragonesa de encima, para el que sea ajeno a la geografía española) nos llaman "cheposos": la explicación es que el cierzo sopla soberanamente fuerte en el Puente de Piedra (emblemático de Zaragoza -en la foto, que no es mía (lástima), sino afanada de Internet-, el más antiguo de la ciudad, que no es romano como piensa la mayoría, sino del s. XV, de estilo gótico) y, claro, al cruzarlo con las ventoleras nos acabamos agachando y así parecemos pequeños jorobados Es absurdo, pero ésa es la historia del apodo.

Nostros no nos quedamos atrás y llamamos a los oscenses "fatos", una palabra de la fabla aragonesa que significa "tonto, falto de luces". La explicación al porqué de este apodo no es menos absurda que la anterior. Existen dos versiones, la más extendida y simpática (la otra es más histórica y convencional, aunque también tiene su aquel) es la del Diluvio Universal: cuentan que tras los 40 días y las 40 noches de lluvia ininterrumpida, Dios se asomó para ver el estado de la Tierra. Le echó un ojo a todo y cuando llegó a la zona de Huesca se encontró a un hortelano camino del huerto a regar...

En fin, abandono las rencillas sin importancia entre hermanos para seguir hablando del tiempo, aunque no hay mucho más: hace calor, pero no es pegajoso y agobiante como el de julio. Y esto es extraño. Todos los veranos las temperaturas en Zaragoza son asfixiantes: yo he llegado a ver en los termómetros urbanos los 47 ºC. Aunque menos extremas habitualmente, pueden alcanzarse con cierta facilidad los 40 ºC. Y todos los años lo mismo: los ancianos alzheimerosos son filmados para el regional diciendo que no han conocido en sus ancianas vidas un verano tan caluroso como el presente. En los informativos se escandalizan (todo para darle un aire tremendista al cambio climático cuando no hay ninguna otra noticia destacable) por cualquier "ola de calor", cuando a mí me parece que lo extraño es que haga frío en agosto, como en estas tres últimas semanas. Pero a nadie le sorprende. Aquí, a poco más de la media noche, las temperaturas descienden hasta los 17 ºC (y bajando) con un cierzo del copón (la sensación térmica es de temperatura inferior), pero a todo el mundo le parece normal. Sí. Normal. Lo típico. Sacarte el abrigo en agosto. Que no te lo sacas por vergüenza, pero no porque no tengas frío. Y si sólo fuera de noche, pues aún, pero por las mañanas refresca un puñado y por las tardes, otro.

Así que creo que tengo que explicarlo para aclarar la confusión: lo que tiene un cambio climático es que cuando debe hacer frío hace calor y cuando debe hacer calor, hace frío. Si debe hacer calor y hace calor o si debe hacer frío y hace frío, es lo normal. Así que menos escandalizarnos cuando en verano estamos a 39 ºC o cuando en invierno estamos a -5 ºC, porque el clima en España ha sido así toda su puta vida.

Hala, lo dejo aquí que me enciendo.